miércoles, 20 de agosto de 2008

Génesis y adiós (complemento del anterior)

(Éste poema está dedicado a la estupidez de todos aquellos pueblos que se empeñan en no aprender las lecciones del pasado)
Y entonces dijo Dios:
Hágase la luz y la luz se hizo.
Pero eso fue al principio.

Algo más tarde,
cuando estaba casi todo hecho,
se sacó de la boina un acoplado,

-porque Dios cubre con boina Su cabeza-

y le llamó hombrecillo,
y a Su imagen lo hizo y semejanza,
y tuvo a bien decirle susurrando en su oído:

"Dominarás la tierra, los secretos de la naturaleza no serán para ti ningún enigma".

Quiso el hombre ser como Dios e inventó la farola,
y se adentró en la noche iluminándola,
y al ver que esto era bueno continuó su camino haciendo cosas nuevas.

Agudizó el ingenio que Dios le había dado y se metió a arquitecto de su propio destino.

Elaboró proyectos de enormes dimensiones que pronto convirtió en grandes edificios.

Hizo diques inmensos que permitieron cambiar el curso de la mar y el curso de los ríos.

Y construyó naciones para hacer de la vida un pasatiempo a base de enfrentarlas

-ya que notó que a veces se aburría-.

Así escapó del ocio que todo lo corroe
y escribió grandes páginas de gloria
-que la historia recuerda-
como si fuesen llaves necesarias para abrir las cancelas del futuro,
cuando el futuro,
-de todos es sabido-,
no necesita puertas.

Aprendió a vivir de lo que había.
Aprovechó los frutos,
-todos buenos-
de la fecunda tierra en propio beneficio.

Alimentó animales que luego recogía en forma de chuletas.

-¡Toma, para que te fíes!-.

Utilizó integrales que fueron derivando hacia el cero infinito,
-como quedó patente en Hiroshima
y tres días más tarde en Nagasaki,
de forma desmedida-.

Jugó con esto a ser Dios
que castigó a Sodoma y a Gomorra por impías.
Pero no tuvo en cuenta que Dios era Dios y por lo tanto,
como tal Dios que era, sabía lo que hacia.

Quiso alcanzar el cielo y construyó para ello ingenios espaciales,
y los lanzó al espacio en busca de lejanos objetivos
sin pensar que el objetivo más urgente estaba aquí, en la tierra,
entre los hombres que se van a la muerte cargados de miseria
en medio de los que como yo perfilan su porvenir

-cada vez más lucrativo-

a base de comidas pantagruélicas y cenas más que opíparas,
entre orgías grotescas y fútiles festines,
alegres y festivos,
que nos convierten en tristes y golosos tragaldabas de nuestro propio espíritu.

Y entre esos objetivos
que no deslumbran más que la débil llama de un fósforo muriente
aplicado a los ojos del mayor avisado de los genios más físicos,

-Dios no estaba-

porque la ciencia, como dijo un buen día un gran poeta

-que era poeta de los de verdad-

es decir: "era en verdad poeta",
mago de la lírica y enhebrador de versos que emanan de la métrica:

"Puede ser un camino de Dios y no el camino hacia Dios".

Dalí,
el divino pintor, también lo supo,
aunque no bien del todo,
pues quedó dibujado que les dijo un buen día
a los Señores Ochoa y Grisolía
-genios los dos de cumplido renombre y merecido aplauso-:

"por el ADN. hacia el cielo"

cuando, realmente, debería haber dicho

"por el ADN. hacia la tierra".

Así, Dalí, habría descubierto
-de manera tan simple-
el misterio de la creación que a todos nos concierne y nos confunde
dando al oxido muerto de sus pinturas
más realismo “infinnnniiiiteesimallll y creativo”
-como él diría-
que al ácido ribonucleico puro y vivo
-emprobetado-
de los laboratorios de sus amigos genios más geniales,
biólogos y químicos.

Pero el hombre siguió buscando mutaciones
y descifró el Genoma que a todos nos confunde y nos define.
y penetró en la esencia secreta de lo intimo;

- sólo por curiosidad - ¿sabes?

Se le escapó la mano mondando la locura de su conocimiento
y se dio cuenta tarde.
Estando el daño hecho
no pudo ya frenar el desarrollo de las enfermedades que creó en su delirio
al margen de las ciencias naturales.

Dio nombres nuevos a las cosas,
le llamó sida al sida y lo esparció entre los hombres
y, no conforme con esto,
se esmeró en generar priones que pronto le esponjaron la mollera.

Contaminó la tierra y amplió los solares deforestando selvas.
Abrió multitud de carreteras donde antes hubo árboles.
Se cargó las partículas neutras que dan vida al ozono,

- y todo por cuestión de economía -

por querer ganar mucho en poco tiempo, claro;
Sin saber que:
a fuerza de añadir partículas nocivas al aire que nos salva,
-sutiles aditivos-
el Big Bang imparable
se convirtió en estéril pantomima de un universo sin futuro.

Buscó, buscó y buscó la juventud perdida en fuentes que no daban más que olvido.

"La eterna juventud dura lo que el recuerdo,
solo el recuerdo tiene el poder de rejuvenecernos,
la memoria es el fruto más dulce del destino".

Quiso clonar lo inútil
y se clonó a sí mismo.

-¡Hay que ser gilipollas!-.

Y es aquí cuando el hombre cansado de jugar a ser Dios,
y arrepentido,
se bajó de la burra
aprendió a ser humilde
y se fue a hacer puñetas.

Y entonces dijo Dios:
Ya puedo descansar largo y tendido.

Y descansó tranquilo.

Eso fue al día siete estando ya Su corazón profundamente herido.

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