| Pepiño se va a la guerra con su traje de campaña a liberar por cojones a unos cuantos españoles que están muy lejos de España.
Y allá que va don Pepiño sacando pecho de lata a convencer a los indios, -que siempre meten la pata-, de que hablando es como espera que se rindan de inmediato los terroristas macarras.
Va con las manos desnudas, sin pistolas ni navajas que lo suyo es llevar sólo propuestas civilizadas, de parte de zETA zETA, para sellar alianzas.
Esperanza no sabía, la inocente de Esperanza, que, con sonrisas se puede volver a las fieras, mansas.
Menos mal que el buen Pepiño, -bregado en cien mil batallas-, se fue pitando a la India a poner la cosa en calma.
Háganme caso señores, al suelo vayan las armas, que mucho más que los tiros solucionan las palabras.
Eso soñó el cancerbero de Ferraz mientras mojaba con las babas de su boca las orillas de la almohada.
¡Así me gusta, machote!, despierta pronto y ataca con furia de lobo herido a la buena de Esperanza que… como buena mujer te perdonará la chanza. |
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