sábado, 15 de agosto de 2009

No les pago para que, con mi dinero,

conviertan España en un Estado genocida

Estamos dispuestos a ir a la cárcel antes que acatar una ley criminal

Sería muy recomendable que los masones del gobierno se relean (o que alguien se la lea, caso de incapacidad intelectual) la Constitución y las sentencias del Tribunal Constitucional sobre el particular.

Y el Juramento Hipocrático aquí reproducido.

Parece que los políticos no han aprendido nada después de 40 años de Dictadura (que los más que hacía era prohibirte pisar el césped) y no saben en que charcos se están metiendo: Aquí todos tenemos ya más escamas que Saquito como para distinguirlos a la legua.

Sobre todo a los ferroviarios inútiles cuando, travestidos en Presidentes, se empeñan en imponernos sus caprichos.

¿Cuales caprichos? Pues, por ejemplo: Que algo que está tipificado como un delito, pase a ser un derecho.

Solo con este dato del collar, ya se como es el perro.

Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que este mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo.

Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas.

Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi arte en la inocencia y en la pureza.

No cortaré a nadie ni siquiera a los calculosos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.

Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deban ser públicos, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas.

Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro.


Si la obediencia debida
no puede dar al soldado
patente de genocida,
¿cómo ha de dar al doctor
patente de ejecutor?

¡Desobediencia civil!,
dicen los titiriteros.
Hay que ser la mar de vil
para obligar al galeno
a beber de este veneno.

Y no ha de haber en justicia,
-aun diciéndolo la ley-,
ante tamaña injusticia,
quien rompa su juramento
porque lo ordene un jumento.

¿Objetores de conciencia?,
eso es cosa del pasado,
-cuando la santa inocencia-,
ahora que somos mayores
ya no caben objetores.

Así piensa el (des)gobierno
de la cosa nacional:
mientras esté en la poltrona
todo irá fenomenal
y todos los dioses laicos
bendecirán su sapiencia
como diablillos traviesos
fruto de su irreverencia.

Mal camino lleva España
de seguir con estos guías,
no quisiera ser cenizo
pero mucho me malicio
que se acercan peores días.

Todas las poesías, actualizadas y ordenadas por antigüedad, con enlaces a las entradas originales para situar en su contexto correspondiente.




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