viernes, 29 de marzo de 2013

 

Donde se habla de una telefonista y una okupa

Me vais a perdonar que hoy la entrada sea un "copiar y pegar", y os explico los motivos: 

Primero.- Me ha parecido interesante y como está publicado en La Razón, que no mantiene en el tiempo los enlaces, quisiera conservarlo.

Segundo.- Tengo un día un poco liadillo y no voy a poder hacer otra cosa (la entrada está programada desde primeras horas), así que no me complico la vida. Es Semana Santa y hay procesiones que ver e Iglesias que visitar. 

Así que aquí que te va:

Justificaciones 
por Alfonso Ussia

Entre la ley y el delito no se puede ser equidistante. Entre el bien y el mal, la equidistancia es una felonía. Entre el civismo y la agresión el equidistante toma partido por la segunda opción. Es decir, Elena Valenciano. Se ha mostrado solidaria con los políticos del PP agredidos por la banda de Ada Colau y simultáneamente disculpó balbuceando a los que no se plantaron en siete años en la puerta de su casa insultando, amenazando e hiriendo la libertad y la intimidad de los políticos «populares». Ha dicho la jefa Colau que después de cuatro años de insensibilidad política, ha llegado la hora de «interpelar» a los responsables de los desahucios. Como poco, se ha comido tres años de desahucios ejecutados durante el Gobierno socialista, y le ha sobrado un año de Gobierno liberal-conservador para iniciar sus «interpelaciones». Se trata, como poco, de una «interpelante» de reacción tardía.

Elena Valenciano recibió toda suerte de apoyos cuando decidió cancelar su cuenta en Tuiter porque sus hijos habían sido amenazados. En Tuiter, todas las personas más o menos conocidas son constantemente amenazadas, insultadas y agredidas por la cobardía que se ampara en el anonimato. Pero esa desagradable situación entra en el sueldo. Entiendo la inquietud de Elena Valenciano y su decisión de borrarse del foro tuitero, pero le recomendaría que se diera un paseo por mi cuenta para constatar en qué límites de persecución, amenazas e insultos personales –siempre desde el anonimato–, me veo obligado a convivir. Lo hago porque nadie me ordenó que me metiera en este tinglado, y hay que ser consecuente. Extraña, por ello, que una mujer atribulada por la amenaza de los vándalos, los groseros y los cobardes, justifique, aunque previamente se vista de «solidaria», la práctica de las «interpelaciones» de la banda de Ada Colau ante los domicilios particulares de los políticos del Partido Popular. Creo que en su postura, hay un deje de gratitud. Al fin y al cabo, Ada Colau jamás osó molestar a los altos responsables del PSOE en sus siete años de permanentes desahucios, de los cuales, probablemente ni se enteró. Le sucedió a Ada Colau, más o menos lo que a mi tía Enriqueta. Se golpeó la cabeza con la rama de un árbol cuando montaba a caballo por el monte Ulía de San Sebastián y se quedó tontita. Diez años en los que tan sólo sonreía, porque era una tontita muy bien educada. Milagros de la ciencia, recuperó su tono intelectual de forma imprevista. Y cuando supo de las cosas que habían sucedido en la familia durante su decenio «in albis», se lió a bastonazos con todos sus familiares, muchos de los cuales, nada tenían que ver con los autores de las fechorías. En concreto, a mi prima María del Dulce Nombre, que era una mujer casta, celosa de sus virtudes e inflexible guardiana de su virginidad, le decía «puta». Diez años dormida ante la realidad hacen estragos. Y siete también, como los de Ada Colau.

No estoy muy seguro, pero intuyo que este tipo de «interpelaciones» inducidas por la señora o señorita Colau –muy emotiva y de lágrima fácil, por cierto–, pueden ser constitutivas de delito. Se trata de reuniones rebosadas de violencia verbal y amenazas a las familias ante sus domicilios particulares. En algunas ocasiones, con niños aterrorizados incluídos. Las «interpelaciones» de esa plataforma no eran tan frecuentes y numerosas hace dos años. Bueno, por no ser, no eran nada, porque no se producían. El problema de mi tía Enriqueta, con toda seguridad. Esa dejadez e indolencia por parte de quienes tienen la obligación de cumplir las leyes y observar que se cumplan me desconcierta. Ofrecen la sensación de que todo un Gobierno siente un temor ratonil, un pavor roedor, a la señora o señorita Colau y su organización tardía. Otegui ha elogiado con entusiasmo a la PAH desde la cárcel, y algunos de sus miembros han participado en recientes manifestaciones proetarras. Al final, todos los puzzles encajan, aunque cueste encontrar las piezas difíciles.

De cualquier manera, la señora Valenciano, haría bien en ser más contundente en la defensa de la intimidad y la libertad de los ciudadanos, sean políticos o sean bomberos. Algún día –espero que lejano–, volverá a gobernar el PSOE y no creo que mujer tan asustadiza se sienta tranquila con la violencia en la puerta de su casa.

El currículum antisistema de Ada Colau

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