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miércoles, 8 de octubre de 2014

A una mascota por barba, no quedaba ni una abandonada

Yo, que he tenido perro toda mi vida, entiendo que se tenga cariño, mucho cariño, a una mascota.

Pero montar el pollo que han montado me parece desorbitado y absolutamente fuera de lugar.

Desconozco si todos tendrán alguna mascota o si serán simplemente enfermos mentales, pero si no la tienen -y están mentalmente sanos- les voy a dar un motivo mucho más mejor para que puedan seguir dando rienda suelta a sus protestas (que en eso consiste la cosa, en protestar para poder sentirse uno la mar de guay):

Dado que el Islamismo no tiene un domicilio determinado, que protesten en la mezquita más próxima por las barbaridades que se pueden ver en el collage que se acompaña en esta entrada.

No les pido que protesten por las muertes propiamente dichas, líbreme Dios de pedir tal cosa, solo les pido que protesten porque las ejecuciones las hacen sin anestesia.

(A José Huguet me la suda si se le aplica anestesia, o no)

Cosa que seguro hacen los veterinarios con las mascotas cuando hay que sacrificarlas por causa de fuerza mayor.


El hermano perro
ni ladra ni pena:
fue triste su entierro,
triste su condena,
y su sacrificio
-hecho por si acaso-
mucho me malicio
que ha sido un fracaso.

Puesto en cuarentena
el noble animal
podría librarnos
del virus fatal
pues como cobaya
de laboratorio
puede que no haya
mejor reservorio.




PS.- Llamar imbécil a Huguet no creo que sea un insulto, más bien me parece una constatación.

jueves, 4 de mayo de 2006

Puede pasar

La televisión pública catalana discrimina el castellano y establece criterios informativos antidemocráticos
Huguet quiere quitar las flamencas y los toros de las tiendas de las Ramblas porque no son estrictamente catalanes
(NOTA: En Crónicas de un Bobo Solemne hay un artículo muy documentado sobre el tema).

Apuéstense algo a que alguno me ha de llamar cabrón cuando algún catalán, de visita turística y que me pregunte por donde se puede ir a los acantilados del Faro, se entere que lo que le dije (que aunque parecía que la carretera se acababa que no hiciese caso: que continuaba) era una broma.

Algo parecido a los otros que me preguntaron por la carretera a Bilbao y se encontraron, al cabo de tres horas, con las torres de la Catedral de Burgos.
Y es que en el extranjero estás cosas te pueden suceder.