miércoles, 7 de octubre de 2020

La desmemoria de un mal bicho

Señora Vicepresidente, y no vicepresidenta: Me temo que ignora V.E. que se haya prácticamente ultimado en la Santa Sede el proceso de Beatificación de 44 mártires de la Iglesia que dieron un especial ejemplo de santidad y heroicidad durante su cautiverio con anterioridad a ser asesinados en Paracuellos del Jarama. Treinta religiosos y catorce seglares.

Entre los últimos, don Pedro Muñoz-Seca, ejemplar padre de familia, con nueve hijos compartidos con su mujer, doña Asunción Ariza, genial comediógrafo, Doctor en Derecho y Filosofía y Letras, funcionario del Ministerio de Hacienda, autor de ‘La Venganza de Don Mendo’ y 190 comedias más, cristiano profundo, católico practicante, y condenado a muerte por su amor a España y su lealtad a la Corona.

No le dieron la oportunidad de ser franquista, porque lo fusilaron cuando el franquismo, como tal, no existía.

En julio de 1936, estrenó en el Poliorama de Barcelona su penúltima comedia “La Tonta del Rizo”.

Con posterioridad a su muerte, ya finalizada la Guerra Civil, pocas semanas más tarde de la brutal y escalofriante acción de la Aviación Republicana sobre la ciudad natal de S.E, Cabra, estrenó en Madrid “La Pluma Verde”.

El 30 de julio, fue reconocido y detenido junto a su mujer en la Plaza de Cataluña. La noticia de su detención, breve y concisa, deja lugar a las dudas.

No se sabe si la detención se produjo a causa de su condición de cristiano y monárquico, o por pasear por Barcelona sin chaqueta ni corbata para aliviarse del calor.

El diario republicano La Libertad lo resume de esta manera: “Pedro Muñoz-Seca, detenido en la Plaza de Cataluña cuando paseaba en mangas de camisa, seguramente a causa del calor. El exjefe de Administración de Hacienda ha sido trasladado a la Comisaría de Orden Público”.

De ahí, señora Vicepresidente y no vicepresidenta, fue enviado escoltado por cuatro policías a Madrid. Se le permitió despedirse de su mujer, su último abrazo, en el andén de la estación de Delicias.

De la estación, a la cárcel-checa de San Antón, donde permaneció encarcelado hasta la madrugada del 28 de noviembre.

Se convirtió en un experto en la limpieza de las lentejas y las alubias, que no componían el menú del día, sino el menú permanente.

Y escribió – y tengo el honor de ser su depositario-, tres cartas y cincuenta postales a su mujer, en las que le pedía medicinas, ropa de abrigo y ¡una bigotera!, porque sus largos bigotes habían perdido su hidalguía, y las puntas se sumergían en la sopa del rancho.

Diariamente recorría todas las celdas comunes, ocupadas por españoles inocentes, religiosos, militares, hijos de militares, y de toda suerte de oficios y profesiones.

Sólo se le vió llorar la tarde en la que fue informado que doce hijos de militares, entre los 11 y los 13 años, habían sido fusilados junto a sus padres.

Quizá le convenga a V.E hacer un esfuerzo y figurarse la imagen de aquella canallada.

Como V.E. sabe, la red de checas y las ejecuciones en Alcalá de Henares, Paracuellos del Jarama y Ajalvir tuvieron como principal protagonista a Mijail Koltsov, enviado de Stalin, al que tanto admira su compañero vicepresidencial Pablo Iglesias.

Cumplida su terrible misión en España, Koltsov fue asesinado en una purga estalinista.

Su mano derecha – e izquierda-, en España fueron Santiago Carrillo, el criminal genocida comunista con calle a su nombre en Madrid y José Cazorla, encargado por Carrillo de los “Traslados de presos”.

En la tarde del 27 de noviembre, don Pedro fue llamado por el Director de la checa de San Antón.

Le hizo ver que sus esperanzas de supervivencia eran escasas, y que sería “trasladado” en la mañana siguiente.

Así se lo comunicó a sus compañeros de presidio, los jóvenes Cayetano Luca de Tena y Julián Cortés Cavanillas. A las 11 de la noche, se encerró con su confesor, don Tomás Ruiz del Rey, que también sería víctima de la matanza social-comunista.

Y escribió su última carta a su mujer, en la que intenta aliviarla con lejanas esperanzas pero sin éxito por la contundencia de su final. No se la transcribo a S.E. en su totalidad.

En principio le comunica el “traslado”, le reconoce que ha dejado una pequeñas deudas en la cárcel por compra de medicinas, que está muy bien, y que le encomienda explicar a sus hijos que todo lo hace por el bien de España y que procuren imitarlo. 

“Siento proporcionarte el disgusto de esta separación, pero si todos debemos sufrir por la salvación de España, y ésta es la parte que me ha correspondido, benditos sean estos sufrimientos. Te escribo muy deprisa porque me ha cogido la marcha un poco de sorpresa.

Adiós, vida mía. Muchos besos a los niños, cariño para todos, y para ti, que siempre fuiste mi felicidad, todo el cariño de tu, Pedro. 28 de noviembre.

PD. Como comprenderás, voy muy bien preparado y limpio de culpas”.


Alfonso Ussía: «Memoria a Carmen Calvo»
Periodista Digital

2 comentarios:

METAL dijo...

grande muy grande largo caballero

Draco dijo...

Sí, como para que le llamasen el Lenin español.

Un auténtico hp.