jueves, 9 de febrero de 2017

 

Un país de delincuentes

Ahora me entero yo que en Esparta se podían coger bajas remunerada por depresión mientras tus compañeros trabajaban por ti en tu ausencia.

Y si hay que ser algo jeta para participar  en "movimientos sociales", en la cosa de la política es un poco más complicado. Tienes que haber cometido, al menos, alguno de los siguientes delitos (los catalanufos los han cometido todos): 
  • prevaricación (art. 404 del Código Penal); 
  • desobediencia (art. 410); 
  • malversación (art. 432); 
  • obstrucción a la justicia (art. 464); 
  • rebelión (arts. 472 y siguientes); 
  • usurpación de atribuciones (art. 506); 
  • incitación al odio (art. 510.1.a); 
  • denegación de la prestación de un servicio público (art. 511); 
  • ultrajes a España (art. 543); 
  • sedición (arts. 544 y siguientes); 
  • resistencia y desobediencia a la autoridad (art. 556). 
Y ser tan cobarde que después responsabilizarse de liarla, culpar  a los demás.

Cuando oyes que los delincuentes se cachondean de la Justicia y que la Vicecosa insiste en dialogar con los que amenazan con represalias sobre jueces, fiscales y funcionarios, te entran ganas de pillar una escopeta y comenzar con una limpieza en profundidad.

Porque a los golpes de Estado no hay que quitarlos tensión, lo que hay que hacer es derrotarlos. 

Por las buenas, o por las malas.

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